Cuarto día

Dejamos el equipaje en el albergue y recorremos la zona. Saltillo de Las Nalcas. Un sueño, el sendero flanqueado por cañas colihues, un puente colgante, referencias en pequeños carteles instalados por la iniciativa del guardaparque, con referencias a la flora, fauna, protección del medio ambiente, con un excelente gusto y cierto aire poético. Mi admiración por esas personas que nos conducen a lugares de ensueños, con enseñanzas de protección del medio en que vivimos. El saltillo es una hermosa caída de agua de unos 40 metros, a la que se llega finalmente, luego de pasar por un bosque de coihues. Luego el ventisquero Negro, y el final del camino, con un chocolate caliente y tortas, como segundo desayuno, en el último parador al pie del Tronador. Al emprender el regreso nos sorprende la primer llovizna. Voy bajando, y pienso en esa mole de piedra con hielos eternos en sus cumbres. Siento su vida en sus bramidos. Me doy vuelta para darle un adiós; un brillo muy fuerte en sus hielos azules, parecen responderme. Almorzamos en el albergue. La llovizna arrecia y decidimos suspender el retorno previsto para la tarde, hasta la mañana siguiente. Somos bikers y nos adaptamos a las circunstancias. Tenemos un lugar caliente y algo de tiempo previsto para estos casos. Mañana veremos. Total del recorrido: 240 Km.

Quinto día
Amanece sin variantes. Lluvia suave y constante, con ganas de no parar. Imprevistamente, al mediodía, aparece un claro azul en el cielo tormentoso. Suficiente para darnos valor para otra recorrida por los alrededores. Tomamos el sendero hacia el ventisquero Castaño Overo. Es un camino que va atravesando un bosque mágico, de esos en los que pueden aparecer duendes en cualquier momento. La humedad es muy grande, por las lluvias caídas. Tanto, que por momentos el camino es un arroyo. Cruzamos el río Castaño Overo, y, al no encontrar el desvío hacia el ventisquero, nos equivocamos y tomamos el que va al refugio Otto Meiling. Subida fuerte, muy entretenida por ser en caracol hacia la cima y entre un bosque cada vez más espeso. 


Christian Riffo

Pero la llovizna, nuestra compañera inseparable, retorna. Y nosotros también decidimos volver, sin conocer el final del camino. La bajada, otra aventura, rápida, resbalosa, y con varias caídas, que sólo embarran y provocan cargadas a más de uno. La última etapa que nos quedaba, ya se suspendió. La cascada de Los Alerces, y los lagos Hess y Roca, seguramente esperarán, hasta que podamos volver algún día. Ahora sólo pensamos en poder regresar a tiempo a Bariloche, para tomar el colectivo de regreso. El encargado del albergue se compadece de nosotros, y nos lleva con todo el equipaje y bicicletas hasta Bariloche.

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Sexto día
Continúa el mal tiempo. Aprovechamos para pasear por la ciudad, comprar regalos y, en mi caso, visitar amigos. Por la tarde, la lluvia da un respiro, como para una recorrida por el Circuito Chico. 
Total recorrido: 280 Km.

Séptimo día
Sólo el tiempo para preparar las bicis, ir a la terminal, embalar todo, y esperar que el changador se digne cargar todo en el colectivo. Quedan infinidad de recuerdos, imágenes inolvidables en nuestras mentes y en el álbum de fotos. Comenzamos a tirar ideas para una nueva salida, pues nuestro espíritu de pedalear, parece ser incansable. Al llegar a Bs As, tenemos preparada otra aventura. 
Hasta la próxima!!!


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