Accesorios
Bolsa de dormir de
doble capa de duvet (pluma de ganso). Resiste temperaturas de -30º C.
Bolsa de vivac de "goretex".
Dos termos, siempre al alcance de la mano, con chocolate o café caliente.
Camel Back (mochila de agua). Se la puede usar con agua caliente entre la
ropa para que no se congele.
Calentador a base de solvente o nafta.
Comida: tabletas energéticas peladas o chocolate, al alcance de la mano.
Paquetitos de calor: pueden durar hasta ocho horas a 50º C y se consiguen
en cualquier lugar de Canadá o USA por un dolar.
Cubiertas especiales con cadenas o clavos.
Además usé grasa y aceite con anticongelante. La horquilla (de magnesio) con
amortiguación se fue picando con el salitre que echan en los caminos y cuando terminé la
travesía ya no servía más.
Para sentir frío no hace falta ir al Artico, ya que se puede sufrir de hipotermia sin necesidad de que el
termómetro baje de 0º C. Alcanza con una temperatura de 10º C y una lluviecita. Sin
embargo, aunque el termómetro marque varios grados bajo cero y estemos en peligro de
morir congelados, podemos pedalear sin sentir frío.
Si encaramos rumbo a Nord Kapp en verano, cruzando el Ártico, con un poco de suerte
llegaríamos con 5 ó 10º C y sol durante las 24 horas, al punto extremo norte de Europa,
ubicado a los 72º de latitud norte (en el Hemisferio Sur la latitud equivalente estaría
a unos 1000 Km. al sur de las bases antárticas argentinas). Si hiciéramos esta travesía
en invierno, las condiciones cambiarían considerablemente. Tendríamos que administrar
nuestro esfuerzo para regular la temperatura eficazmente.
En la Patagonia
En la Argentina se pueden
encontrar casi todas las condiciones climáticas y geográficas. En lo que podríamos
llamar "país de los cinco continentes", podes obtener un buen entrenamiento y
la capacitación adecuada para luego enfrentar situaciones más difíciles.
En la Patagonia, el clima
puede ser frío sin llegar a ser extremo, pero el viento hace que las condiciones sean
verdaderamente hostiles y que la temperatura baje varios grados por debajo del cero. Los
pésimos caminos de ripio de la ruta 40, intransitables debido a los violentos empujones
del viento, hacen que uno se sienta solo en la interminable distancia que separa los
pueblos entre sí. En esas circunstancias, uno descubre el poder de la voluntad, necesario
para levantarse de cada tropezón, y aprende a agachar la cabeza y superar obstáculos
que, con paciencia, son sólo cuestión de tiempo.
Recuerdo el desértico tramo de Bajo Caracoles a Tres Lagos, 340 Km. sin ninguna población, acampando a la noche sobre la ruta 40 con mi carpa llena de rocas para que no se volara... Un viento con el cual me resultaba trabajoso mantener la bici parada al detenerme. Recuerdo la sorpresa que me causó un hospitalario señor que quiso tentarme, camino a Río Mayo, al esperarme con las puertas de su camioneta abiertas. Me despedí de él quedándome acostado con el insuficiente reparo de mis alforjas, saboreando las dos naranjas que me dejaba y viendo como el viento robaba mi pan...
¡Etapas de 170
Km., con la
cabeza gacha, tratando de pegarme al piso y mantener el equilibrio durante más de catorce
horas para hacer promedios de 11 Km. por hora! Todo esto bajo la constante bofetada de un
viento con el que finalmente me amigaba y con los guanacos como curiosos espectadores que
advertían su mimetizadora presencia con misteriosos silbidos o relinchos.
¿Qué decir del
resbaladísimo hielo? En tramos como el de Calafate - Glaciar Perito Moreno me encontraba,
en el final de los descensos, con vados en los que a veces el hielo se quebraba. Esto significaba una brusca caída...
En Paso Garibaldi (Tierra del
Fuego), el hielo, lavado por una tenue lluvia, me impedía caminar sin resbalar, y debía
buscar la nieve para avanzar en una esforzada pero posible marcha.
La Patagonia fue,
verdaderamente, una buena maestra. La admiro no sólo por su dureza, sino también por su
belleza, y a veces la extraño. Pero ante todo fue la prueba que me permitió afianzar mi
gusto y convicción por encarar aventuras de difíciles características. Una convicción
sin presión, que parte del gusto indefinible por encarar desafíos, es el ingrediente
más importante que se necesita para enfrentar y realizar proyectos difíciles. Por
suerte, este ingrediente mágico no se vende. Y no se puede comprar con una bicicleta
súper sofisticada. ¡La bici es linda porque, gracias al "entusiasmo que no se
congela", se puede llegar a casi cualquier lugar!
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