Luego de introducirnos en una pequeña bahía, de un profundo color verde esmeralda, desembarcamos.
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En ese momento, todos participamos de una misma e intensa sensación de respeto, producto de la mezcla de un tenue temor urbano frente a la soledad de una senda que se pierde en la cerrazón del bosque, y por sentirnos rodeados, abrumados quizás, por una verdadera manifestación de la naturaleza expresada con la máxima pureza de sus sonidos, olores y colores. En ese momento también valoramos cabalmente la presencia de Pedro y Miguel, conduciendo nuestro grupo con la solvencia de quien está mostrando su casa y transmitiendo seguridad con responsabilidad y criterio. Con esa ansiosa y alegre disposición, comenzamos a disfrutar las delicias de un sendero mágico, cautivante y alucinante, que nos permite ver las aguas del lago a nuestra derecha mientras avanzamos hacia el oeste, contorneando la costa del Brazo Machete en un derrotero ondulante y surcado de arroyos. |
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BOSQUE DE ARRAYANES |
Al rato llegamos a un punto que plantea dos alternativas; aunque luego regresaremos por allí, elegimos poner rumbo al sudoeste en busca del lago Gallardo. La senda recorre un área con las características de un bosque más húmedo, saturado de líquenes babeantes y grises, y alfombrado de frágiles helechos, hasta desembocar en una breve playa sobre el lago mencionado.
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El lugar y la hora nos invitan a echarnos un rato a contemplar, refrescarnos, descansar y comer. Los tábanos están insoportables, así que seguimos. Regresando por el mismo tramo hasta encontrar la anterior disyuntiva, ahora se ingresa por el sendero orientado hacia el NO, al mismo tiempo que se advierte la proximidad del rumoroso río Machete, a cuyo encuentro nos dirigimos para cruzarlo en un emocionante vadeo. El calor es sofocante, así que de buen grado nos metemos en el agua con las bicis en alto, pero como el agua está helada y nos llega a la cintura no tardamos demasiado en cruzar, con el resultado en nuestro cuerpo de una considerable diferencia térmica entre la cabeza y los pies. Sorteada esta dificultad transitamos una senda arenosa, a veces errática, que discurre por un ñirantal ralo (antiguo cauce y delta del río). Más adelante, el bosque decoihues pasa a ser el escenario predominante y vemos que el itinerario presenta alternativas. Descartamos primero la senda que conduce hacia el norte donde, según nuestros guías, la trepada es muy dura. Más tarde, tomamos rumbo sur, para dirigirnos hacia la bahía Chucao, donde comprobamos cómo hemos rodeado todo el brazo Machete. |
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DOBLE CLIC PARA DETALLES DE LA ZONA |
Abandonamos esta costa avanzando hacia el norte, introduciéndonos en la Península
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BAHÍA MANZANO |
a través de un vasto sistema de senderos que van entrelazando un sinnúmero de atractivos pedal a pedal. Nos sentimos afortunados y prometemos regresar por más.
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