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Aprender de las experiencias |
Que importante es tener la
humildad de reconocer que no sabemos "todo" y que diferentes circunstancias,
diferentes personas, nos puede enseñar algo nuevo siempre. No es necesario que sea una
persona leída la que nos enseñe.
En mi caso personal y en esta actividad, mis mayores aprendizajes lo he obtenido y los
recibo permanentemente de gente muy humilde, muchas veces analfabetas, pero que en su
ambiente tienen una experiencia de vida muy difícil de igualar y de aprender en otro
lugar que no sea la montaña. Lo aprendieron desde que nacieron, lo aplican todos los
días, porque esa es su vida. Lo que hay que tener es ganas de aprender.
Muchas veces los "profesores" no saben transmitir, pero uno tiene que observar y
tratar de encontrarle una respuesta a cada cosa que hacen. Siempre la tiene. Los usos y
costumbres son
indiscutibles. Con los elementos que tienen, seguramente lo que hacen, es
lo mejor. Donde hay diferencias importantes es en los materiales y la tecnología
utilizada. La mayoría de las veces la gente de la montaña no conoce los nuevos
adelantos. Como ejemplo, en mi zona, en las montañas que recorro en la provincia de
Salta, tener frío a la noche es una cosa inaceptable con la excelente calidad de bolsas
de dormir que existen en el mercado. Siempre recomiendo que las bolsas de dormir deben ser
de buena calidad, porque... si a la dura jornada de cabalgata, le aumentamos una mala
noche por frío, la cabalgata en lugar de ser un placer es un sacrificio que realmente no
tiene sentido. Pero además de aprender de personas y materiales también aprendemos de
situaciones. Este relato es una experiencia que viví hace un par de años cuando estaba
desarrollando una caminata, como programa turístico, entre Humahuaca y Oran. Una
maravilla, un programa increíble.
Duro, no para cualquiera, pero que se puede hacer y vale la pena el esfuerzo porque en
menos de 30 Km. en línea recta se viven distintos ambientes y paisajes que le dieron un
nombre muy significativo a esta caminata, "Disfrute los opuestos". De los 4.400
m.s.n.m a los 500 m.s.n.m. De las vicuñas y los guanacos a los tucanes, las ardillas y los
monos. De los 10 grados bajo cero a los 38 grados. De la aridez a los helechos
arborescentes. De la puna a la selva tropical. Todo esto se vive en tres o cuatro días.
No se puede creer. Para desarrollar este proyecto tuve que recorrerlo en distintas
oportunidades por diferentes caminos. Hay por lo menos tres alternativas diferentes. Por
abra de Varas, por el camino real o por Santa Cruz.
En una de las oportunidades iniciamos la caminata desde Abra de Zenta (4.400 m.s.n.m) rumbo a
Oran por el camino real. A mi volumen natural se le agregaba el volumen de la mochila y la
superficie expuesta no era nada despreciable y a mis 95 Kg. el peso, el peso de la mochila
que rondaría en los 18/20 Kg. Pasamos a ser algo importante en tamaño y peso.
Esto es lo que yo pensaba. No opinaba lo mismo el viento que me revolcó en un par de
oportunidades sin previo aviso y en otro par de oportunidades me revolqué yo por
decisión propia antes de volar por un precipicio. Pero... como es esto... sin previo
aviso? Esta experiencia es precisamente el núcleo de este relato. Cuando uno camina por
el filo de una montaña alta y todo lo que se ve esta por debajo nuestro, el viento llega
sin aviso previo... sin ruido.
No choca contra nada, llega en silencio. Es como si una persona viniese corriendo en
nuestra dirección sin que nosotros la veamos ni escuchemos y cuando llega a nuestro lado
nos diese un empujón con todas sus fuerzas. Con tal fuerza que uno termina en el suelo
sin saber que paso y recién después de este momento llega el ruido. Una experiencia muy
particular y muy original que nunca más se repitió... a pesar de haber realizado esa
caminata en otras oportunidades. De cada experiencia es importante descubrir distintas
enseñanzas que nos enriquezca y poderla transmitir a los demás.
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