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Cabalgatas |
El caserío el Manzano es una
de mis debilidades. Por su belleza, por su proximidad, por su gente, por la variación de
sus paisajes. La única manera de llegar hasta allí es a caballo o caminando por
cualquiera de sus tres accesos. Yendo desde Corralito el camino es muy particular.
Es una huella de herradura relativamente ancha (se pueden cruzar dos cargueros en gran
parte del trayecto), con buen piso (es posible transitar con lluvia), lo que hace muy
seguro su utilización, pero con un precipicio profundo a la izquierda que le da su
importancia y respeto. Como la senda faldea la cara sur de la montaña, esta es sombría,
húmeda, su vegetación es abundante, y por tratarse de una montaña con una altura
considerable la nubes no pasan fácilmente y llueve más que en los alrededores. Con estas
condiciones se crea un microclima muy particular.
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La vegetación en esta área
reducida es atípica para la zona pues se ven cantidades enormes de helechos, begonias,
enredaderas, musgos, líquenes, plantas parásitas... en fin, podría decirse, muy
tropical.
El otro acceso es desde Cerro Negro y Pampa Larga. Dos huellas independientes entre sí
que se juntan en una bajada espectacular con una vista desde arriba que permite ver el
caserío casi en su totalidad. Las huella pasa al lado del cementerio que llama la
atención por su importancia (lo que indica a las claras la cantidad de gente que años
atrás vivía en el lugar) y por su prolijidad, con bóvedas pintadas y decoradas con
flores multicolores, en fin... con alegría, como buenos cristianos, que creemos que con
la muerte comienza la vida eterna.
El tercer y último acceso es por las nacientes del río Manzano, un río muy particular
en su color ya que el lecho de piedras no es de tonalidad grisácea como la mayoría sino
que tiene un color verde cemento claro y luminoso. En cuanto a la gente del lugar, muy
pocos en este momento todo la que se puede decir son elogios. Su hospitalidad, su alegría
y agradecimiento porque los vamos a visitar, nos hacen sentir siempre bien desde el mismo
instante que llegamos. Todo lo que tienen lo ponen a nuestra disposición.
Curiosamente todo esto no lo sentí el primer día que visité El Manzano. En aquella
oportunidad llegue con un grupo grande de gente y nos recibió Gelasio Cruz con su familia
con mucha amabilidad y sorpresa ya que éramos más los visitantes que los pobladores.
Después de desensillar y tomar unos mates, algunos se pusieron a armar sus carpas, otros
dormían en la galería y a mí, Gelasio me invitó a dormir en la casa de su padre, Don
Wenceslao Cruz, porque no entrábamos en su rancho.
La casa de Don Wenceslao no la conocía pero quedaba a unos 150 m. y las indicaciones
eran que en la segunda puerta tendría la cama de su padre que no estaba presente por
haber viajado a la ciudad de Salta. Ante esta reconfortante sorpresa de dormir en cama no
me preocupe por preparar mi "nido" con anticipación y me quede con el grupo
ayudándolos en su instalación.
Después de comer y conversar un rato, se hizo presente el cansancio y poco a poco se
fueron retirando a dormir.
Cuando me llegó el turno agarré mi linterna, mi alforja personal y me despedí hasta
mañana. Caminé los 150 m., llegué hasta la casa, ilumine la segunda puerta siguiendo
las indicaciones de Gelasio y me encuentro con un cartel que dice "W. C:".
Seguramente por el cansancio, inmediatamente pensé mal y me dije: "como puede ser
que este desgraciado de Gelasio me haya mandado a dormir al baño (water closet) en lugar
de pensar con serenidad y sanamente como corresponde y darme cuenta que ese, era
efectivamente el dormitorio de su padre... Wenceslao Cruz. Cuando entre, encontré, como
me había dicho una cama de plaza y media que parecía mucho más ancha y con una manta
lindísima confeccionada en un telar del lugar que pesaba bastante más de 5 Kg.
que me
aplastó contra el colchón hasta el día siguiente.
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